Resumen
El ser humano es un sujeto persona que, desde la dimensión intrasubjetiva, se posee y se autoconduce. Desde la dimensión intersubjetiva enriquece la intrasubjetividad con las múltiples influencias de los demás y así aumenta su experiencia. Por eso, para el desarrollo, es necesaria la ayuda de los semejantes. La estructura y los enfoques del entorno contemporáneo fomentan, casi exclusivamente, la intrasubjetividad, desencadenándose un individualismo exagerado que asfixia la intersubjetividad propia de quien es consciente de la deuda recíproca entre los miembros de la sociedad. La educación en este terreno ha de lograr el acto voluntario de la colaboración sostenida. Esto incluye la apertura para asumir las consecuencias de los sucesos, la sutileza de compartir las responsabilidades y la cordialidad para abordar los sufrimientos comunes y forjar el destino. Desde la familia, estos objetivos han de cultivarse específicamente; desde la escuela, se han de ofrecer medios para hacer posible la participación en iniciativas que den cauce a la solución de algunas necesidades; y la sociedad ha de ofrecer recursos.